
Vocales Online es un popular portal de noticias en línea y fuente de contenido técnico y digital para su audiencia influyente de todo el mundo. Puede comunicarse con nosotros por correo electrónico.
vocalesradio.online@gmail.com
Pocas contradicciones políticas contemporáneas resultan tan reveladoras como la que habita en el corazón de Morena. El partido que nació con la promesa de encarnar la regeneración moral de la vida pública mexicana, que hizo de “primero los pobres” su lema y de la honestidad su bandera identitaria, enfrenta hoy una crisis de credibilidad tan profunda que más del 70% de los ciudadanos considera que no se cumple el principio rector que define su política social. Esta brecha entre el relato fundacional y la percepción social no es un simple problema de comunicación: es una fractura que pone en cuestión la coherencia misma del proyecto.
Los recientes escándalos a nivel nacional de militantes de Morena son los que han motivado a que la percepción ciudadana hoy cuente otra historia. La mayoría de quienes creyeron en la promesa ética de Morena ya no le creen.
¿Qué explica esta disonancia? No es un solo escándalo sino una acumulación sistemática de contradicciones entre el discurso y la práctica. Pero más allá de los casos específicos, que son varios, lo que erosiona la credibilidad es la ausencia de autocrítica. El uso de la narrativa conspirativa, como es “la prensa vendida, son los conservadores, es una campaña de desprestigio”.
Lo fascinante y preocupante a la vez es cómo coexisten estas dos imágenes contradictorias sin anularse mutuamente. Para la militancia dura de Morena, el partido sigue siendo el depositario de la esperanza de transformación. Los escándalos se explican como excepciones, traiciones individuales, o directamente como fabricaciones de adversarios desesperados. Esta fe militante no es irracional: está anclada en conquistas reales. Las pensiones para adultos mayores, las becas, los aumentos al salario mínimo son logros tangibles que benefician a millones. Para quienes viven esas mejoras cotidianamente, la percepción de que “algo sí ha cambiado” justifica mantener la confianza.
Pero esta lealtad basada en beneficios materiales es diferente a la credibilidad ética original. El pacto ha mutado: de “confíen en nosotros porque somos diferentes” a “confíen en nosotros porque les damos cosas”. Es un cambio sutil pero fundamental.
El primero construye instituciones; el segundo, clientelas. Para el ciudadano no militante, ese que percibe que persisten las viejas prácticas, la decepción es proporcional a la expectativa. Precisamente porque Morena prometió ser diferente, su normalización como partido convencional duele más. Si Morena es igual a los demás, entonces la esperanza de regeneración democrática se desvanece.
Hay un riesgo en esta contradicción: cuando un movimiento político construye su legitimidad sobre superioridad moral, cualquier cuestionamiento se vuelve herejía. Si ellos son los buenos, quienes los critican son necesariamente malos, vendidos, traidores al pueblo.
Esta lógica maniquea tiene consecuencias institucionales graves. Debilita controles democráticos porque son vistos como obstáculos conservadores. Deslegitimiza al periodismo crítico porque “defiende privilegios”.
La presidenta Sheinbaum heredó esta contradicción. La titular del ejecutivo federal representa una evolución del morenismo mismo, hacia criterios de eficiencia y profesionalización sobre intereses de grupo.
El partido que nació prometiendo regeneración moral enfrenta su momento definitorio. O regenera honestamente, empezando por sí mismo, o termina confirmando que ahora son lo que prometieron derrotar.