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Lo que el mitin no dijo

Hay actos políticos que buscan convencer y actos que buscan demostrar. El informe de rendición de cuentas que la Presidenta Claudia Sheinbaum encabezó este domingo 31 de mayo en el Monumento a la Revolución perteneció, sin ambigüedad, a la segunda categoría. La convocatoria a la Plaza de la República y en las plazas públicas del país buscaba algo más que enumerar logros, programas, obras o cifras; pretendía medir el capital social de un movimiento que sigue apostando por la calle como fuente de legitimidad. Morena no convocó a un informe, convocó a una demostración de vigor institucional en un momento en que varios de sus flancos acusan fisuras.

El dispositivo fue quirúrgicamente deliberado en su arquitectura. El evento se transmitió de manera simultánea en las plazas públicas de las 32 entidades del país, con los gobernadores morenistas enlazados  en cadena para exhibir presencia territorial. Gobernadores y gobernadoras hicieron un enlace al Monumento a la Revolución para mostrar cómo se concentraba la gente en sus estados para seguir la “Rendición de Cuentas”. El formato supone que la suma de treinta y dos plazas medianas equivale, en términos de narrativa, a una mayoria ciudadana decantada por la 4T. La operación es inteligente, aunque no infalible,  multiplicar los escenarios dispersa también la lectura crítica de cada uno.

La principal avenida del corazón de la Ciudad de México, Paseo de la Reforma, se encontraba cerrada por centenares de personas que avanzaban hacia el Monumento a la Revolución, y el lugar se encontraba abarrotado. Los asistentes llegaron de distintas entidades, ondeando banderas de México, de sindicatos, alcaldías y diversas entidades del país. La imagen era poderosa.

En lo discursivo, la Presidenta Sheinbaum apostó por dos ejes dominantes. El primero fue el recuento de resultados: informó que se aprobó la semana laboral de cuarenta horas y destacó que los programas de bienestar alcanzarán al cierre de 2026 a más de 42 millones de derechohabientes, con una inversión de un billón 300 mil millones de pesos canalizados a través del Banco del Pueblo, entre otros. El segundo eje, más urgente desde la lógica política, fue la soberanía. La presidenta defendió la soberanía nacional y advirtió que permitir la intervención de otros países en asuntos internos equivale a una injerencia, subrayando que México es un país libre, independiente y soberano. Cuestionó si algunas posturas provenientes de Estados Unidos responden realmente al combate del crimen organizado o a intereses políticos de sectores de la ultraderecha estadounidense de cara a las elecciones de 2027 y 2030. La retórica soberanista es, en circunstancias como ésta, un recurso eficaz para cerrar filas hacia adentro y justificar, hacia afuera, decisiones que de otro modo resultarían costosas de explicar.

El contexto inmediato lo exigía. La operación realizada buscaba cercanía sin exhibir los viejos rituales de movilización masiva; Morena puso en practica otra forma de medir músculo territorial. El festejo cambiaba de formato, no de fondo. Esa es la lectura que debe prevalecer. El partido gobernante no renuncia a la calle, pero aprende a dosificarla. Sustituye la concentración única y colosal por una red de plazas controlables, donde el fracaso parcial de una no compromete el relato global.

El Monumento a la Revolución albergó este domingo un acto de poder. Si fue también un acto de fe colectiva genuina, eso lo dirán las urnas en 2027, no los contingentes del domingo.

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Last modified on Domingo, 31 Mayo 2026 23:40