Enorme en tamaño, variable en temperamento, el voto de los jóvenes de 18 a 29 años suma casi 25 millones en el padrón electoral, es decir, son un actor estructural que cualquier candidato debe considerar seriamente.
Sin embargo, su comportamiento es voluble: tienden a informarse por redes más que por artículos largos y, sobre todo, su participación ha sido menor que la de otros grupos en las últimas contiendas. El dato importa: si los partidos logran convertir interés en urnas, pueden mover el tablero a su favor; si no, el número queda solo como referencia del potencial.
Morena a pesar de ser el partido más votado en la última elección presidencial, tiene brechas generacionales.
Morena llegó a ser la fuerza dominante por combinar narrativa de cambio con programas sociales visibles. Entre jóvenes, eso funciona hasta cierto punto: atrae a quienes ven en Morena una agencia para políticas redistributivas y reconocimiento social, pero pierde a quienes perciben clientelismo, autoritarismo o agotamiento retórico. Además, los últimos escándalos o decisiones institucionales como procesos electorales o judiciales con baja legitimidad, erosionan simpatías entre jóvenes críticos e informados. En suma: Morena parte con ventaja estructural, pero su reto es renovar lenguaje y prácticas para retener a una juventud menos leal y más exigente.
El PAN mantiene atracción entre jóvenes urbanos y conservadores que priorizan seguridad y orden; el PRI sigue pagando el legado de viejas clientelas, pero conserva redes locales útiles. Para ambos la estrategia ya no puede ser repetir mensajes de siempre: deben hablar el idioma de empleo juvenil, movilidad social y libertades civiles sin sonar a manual caducado. En elecciones competitivas, el voto juvenil urbano y universitario puede traducirse en ventanas tácticas para PAN o coaliciones opositoras.
Movimiento Ciudadano tiene un importante capital entre los partidos jóvenes. MC se ha capitalizado como la “alternativa joven” en plazas urbanas y redes sociales; su discurso pragmático y de denuncia anticorrupción cala hondo entre estudiantes, emprendedores y profesionistas emergentes. Quienes ofrezcan cauces reales de participación (listados, candidaturas a jóvenes, propuestas concretas) y dejan de pedir lealtades genéricas, podrían tener ese valioso segmento cautivo. Las preferencias reales varían por ciudad y estrato: no es lo mismo un electorado juvenil en Guadalajara, que en CDMX o en una ciudad pequeña de provincia.
Los jóvenes juzgan a las figuras públicas por coherencia entre palabra y acto. Se inclinan por personajes con narrativa digital efectiva y presencia en espacios culturales, ganan visibilidad; los que arrastran escándalos o un tono demasiado paternalista, pierden rápidamente reputación entre audiencias jóvenes.
Además, la polarización crea héroes y villanos instantáneos; eso implica que la imagen pública de una figura puede mejorar mucho en semanas, pero también colapsar con la misma rapidez. Las encuestas muestran que las preferencias cambian según coyuntura y disciplina mediática. 
En distritos electorales con votaciones cerradas, un aumento en la participación juvenil sí puede ser definitorio. Dicho de otro modo: el voto joven puede ser determinante, pero no lo es automáticamente.
Los jóvenes esperan que dejen de hablar de ellos y empiezen a gobernar con ellos: con cargos reales, presupuesto, e incubadoras de proyectos.
La movilización mediante incentivos cívicos (como facilitar el voto, información clara en redes, procesos internos incluyentes) los motiva y los mueve más que el clientelismo.
Los jóvenes son una mina de votos, siempre que alguien se comunique y emprenda acciones correctamente.
Con casi 25 millones de potenciales electores, su voto es una fuerza capaz de inclinar elecciones cerradas; la trampa está en que, si los partidos siguen tratando a la juventud como una táctica de campaña en vez de un socio permanente, la abstención seguirá atenuando ese poder. A los partidos políticos les conviene recordar: que la juventud es volumen y criterio. Si se les respeta, la democracia gana; si se les ignora, los costos políticos llegarán antes de lo que muchos piensan.
X @David_Tenorio